Play Video

MESTIZAJE MESTIZAJE

Y qué le pido yo al mundo
que ya se basta consigo,
y que camine a mi lado
guiándome los sentidos?
Con eternos tatuajes
me otorgó ya sus ofrendas
guiando a los que no vi
cuando buscaban allí
donde no les conocieran
una forma de brillar
que atrajera luz ajena.
Oriente, en su lejanía,
tiñó de azabache extraño
cabellos donde se duermen
aguas de azules reflejos.
En su boda con lo austral
siguió la reina obsidiana
mirándome ya por siempre
y clavando en mi pupila
su no color , más patente.
Salió a la luz el rasgado,
de los que nunca lastiman,
para que pueda llorar
desde la órbita oblicua.
El austral poder dejó
en mis huesos perpetuado
la forma de un instrumento,
nacido ya bajo el sol
en otros muchos ancestros,
el Africa sempiterna,
la madre siempre durmiente,
que reclamó para sí
en uno de sus ensueños
ondularme con un manto
que cubriera mi cabeza,
pero lo hizo sólo en parte.
Presentó batalla el norte,
volvió dorada mi piel,
peleó con la gravedad
para que yo no tuviera
unos rizos orgullosos
que miraran siempre al cielo.
Pero algo siempre queda,
y los duendes escondidos
por los bosques europeos
y aún más septentrionales
compraron un colador
resistente y más que fino,
para salpicarme toda,
al enseñarles mi rostro,
con gotas de caramelo,
y alcanzar también, como hilos,
escarbando en mi cabello.