MISCEGENATION MISCEGENATION

·
ORIGINAL
·

And what do I ask the world
that is enough with itself,
for it to walk by my side
guiding my senses?
With eternal tattoos
already granted me its offerings
guiding those who I didn’t see
when they were looking there
where they weren’t known
a way to shine
that attracted other people’s light.
(that attracted alien light?)
The East, in its distance,
dyed in a strange black amber
locks where are sleeping
waters of blue reflections.
In his wedding with the austral
the obsidian queen followed
looking at me forever
and nailing in my pupil
its no color, more patent.
The tearing came to light,
of those who never hurt,
so I can cry
from the oblique orbit.
The austral power left
in my bones perpetuated
the shape of an instrument,
born already under the sun
in many other Ancestors,
the everlasting Africa,
the always sleeping mother,
who claimed for herself
in one of her dreams
ripple me with a cloak
to cover my head,
but she did it only in part.
The North presented its battle,
it turned golden my skin,
it fought with the gravity
so that I didn’t have
proud curls
that always looks up to heaven.
But something always remains,
and the hidden Elves
from European forests
and even more northern
they bought a colander
resistant and more than fine,
to splash over all myself,
(to splash on me)
by showing them my face,
with caramel drops,
and reach, too, like threads,
digging in my hair.

Translate: Elena Garnelo

MESTIZAJE MESTIZAJE

Y qué le pido yo al mundo
que ya se basta consigo,
y que camine a mi lado
guiándome los sentidos?
Con eternos tatuajes
me otorgó ya sus ofrendas
guiando a los que no vi
cuando buscaban allí
donde no les conocieran
una forma de brillar
que atrajera luz ajena.
Oriente, en su lejanía,
tiñó de azabache extraño
cabellos donde se duermen
aguas de azules reflejos.
En su boda con lo austral
siguió la reina obsidiana
mirándome ya por siempre
y clavando en mi pupila
su no color , más patente.
Salió a la luz el rasgado,
de los que nunca lastiman,
para que pueda llorar
desde la órbita oblicua.
El austral poder dejó
en mis huesos perpetuado
la forma de un instrumento,
nacido ya bajo el sol
en otros muchos ancestros,
el Africa sempiterna,
la madre siempre durmiente,
que reclamó para sí
en uno de sus ensueños
ondularme con un manto
que cubriera mi cabeza,
pero lo hizo sólo en parte.
Presentó batalla el norte,
volvió dorada mi piel,
peleó con la gravedad
para que yo no tuviera
unos rizos orgullosos
que miraran siempre al cielo.
Pero algo siempre queda,
y los duendes escondidos
por los bosques europeos
y aún más septentrionales
compraron un colador
resistente y más que fino,
para salpicarme toda,
al enseñarles mi rostro,
con gotas de caramelo,
y alcanzar también, como hilos,
escarbando en mi cabello.

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