Manas and Sistas as alternatives to sorority

Manas and Sistas as alternatives to sorority Manas and Sistas as alternatives to sorority

Original text | castellano

A Cuban afrofeminist reflection.

The term sorority in feminism or sisterhood came into my life in the context of my beginnings as a feminist, even though I did not know that there was something called activism, much less defined me as such. As, the first years of the 21st century were running.
The conversations and exchanges I had with feminists from other countries, in the platforms that existed then – creatividad feminista, the lesbian kamasutra, Les Pénélopes, etc.- led me to adopt a discourse full of new terms. Also, It should be outlined that at the time, in the quite distant 2003, “sorority” was not a very popular word in Cuba. Neither were feminists. Much less the afrofeminists.
From my disconnected Havana I only knew that I wanted to construct with other women. At that moment, I adopted several principles that have guided my life in recent years : “you will never laugh at a blonde woman, nor about a mother-in-law, much less a Black woman, those are not jokes, it’s misogyny”.
That’s what it meant for me to be sororal, I told myself.

After many years of cyber-activism, anti-racism and and activism against LGTBIphobia, I have seen how sorority has become more complex, while it has been put on the table, precisely for those of us who are (still) on the margin or periphery…

In the name of sorority, I was asked not to emphasize the invisibilization of Black women struggle within the universalist feminist struggle, in the context of a Cuba, where White men and women have control over all the fundamental spheres of power.

In the name of sorority, Black women, migrants, gypsies were criticised, almost to the point of harassment when they decided not to join and support the demonstrations on the past 8th of March as the movement failed to see their concerns and struggles at the centre of such demonstration. They denounced that the convocation for demonstration forgot, questioned or infantilized those who had no other option but to go to work that day. Also in his name the collective Ile Iwe / La Escuela was asked not to denounce the racism that implies the cultural appropriation that sustains the career of Romina Bernardo.

Therefore, sorority, as it is, is of no use for us in this political context.

In such a way that there is already a certain consensus, at least for the afrofeminists, who consider that speaking in terms of sorority is part of the oppression and exclusion to which we are historically subjected as Black and Afro-descendant women, since sorority, in its most orthodox use and definition, is also a White middle-class bias, such as this hegemonic feminism, understood as the one that defends the universality of the category “woman”, denying or offering little space for intersectionality which is considered as a priority fight against patriarchy for all women alike, all united in a monolithic block.

quote_down

I also like to use “sista”, which comes from the English Sister, and to which I attribute a notorious or well-known racial component.

quote_up

On the other hand, Afro-Cuban women have been sororal by tradition, since immemorial times. Within the Black communities Afro-Cuban women have woven networks of self-care, protection, support, spiritual, collaboration for the care of children, in the braiding of hair, among other areas.

To remove the accent of middle-class White privilege, I prefer to call “sisterhood” our networks of support, recognition and feeling of solidarity among women. In fact, I regularly use the noun “manita” (her-manita), to emphasize the allusion to the hands, the same ones that allow us to caress, comb, etc. 

I also like to use “sista”, which comes from the English Sister, and to which I attribute a notorious or well-known racial component.

Both terms cross multiple identities: racial, sexual, gender, gender identity, geopolitics, migrants, etc.
This sisterhood among Afro-Cubans is what sustains many Black families in the Cuba of the XXIst century and before the particularities of a society, in which there is still no equality between men and women. La Red Barrial Afrodescendiente which translate : The Afro-descendant Neighbourhood Network, for example, is one of those grass roots organizations, eminently horizontal, where its organizers, participants and founders concentrate on generating actions based on that sisterhood and the role of women of African descent in the neighborhoods.

This condition of “manas” or “sistas” is also at the base of publications such as Afrocubanas, Historia, Pensamiento y Prácticas, the first book written by Afro-Cuban women for Afro-Cuban women.
In Cuba, an important meeting has just taken place, with the participation of a score of Cuban activists and afrofeminists residing in Havana. It is the first of its kind. It has begun to establish joint agendas strictly based on afrofeminist thinking. The manitas and sistas are committing themselves to another way of doing and thinking about our own existence as a legacy to future generations of Afro-Cuban women. In the relay is the continuity of a project that puts in check the White hegemony and its concepts, we believe.

miguel bruna
bench daylight facial expression

SHARE

Play Video

Manas y sistas como alternativas a la sororidad Manas y sistas como alternativas a la sororidad

blowing confetti daytime

Una reflexión desde el feminismo Negro Cubano

El término sororidad llegó a mi vida en el contexto de mis inicios como feminista, aún cuando ni siquiera sabía que existía algo llamado activismo y mucho menos me definía como tal. Corrían los primeros años del siglo XXI.
Las conversaciones e intercambios que tuve con feministas de otros países, en las plataformas que en esos momentos existían – creatividad feminista, el kamasutra lésbico, Les Pénélopes, etc -, propiciaron que me apropiara de un discurso pleno de nuevos términos. Tendría que acotar además que por ese entonces, en el ya lejano 2003, “sororidad” no era una palabra muy popular en Cuba. Tampoco las feministas lo eran. Mucho menos las afrofeministas.
Desde mi desconectada Habana solo sabía que quería “construir” con otras mujeres. Por ese tiempo fue cuando adopté varios principios que han orientado mi vida en los últimos años: “no te reirás nunca más de una mujer rubia, tampoco de una suegra, mucho menos de una mujer Negra, esos no son chistes, es misoginia”.
Me dije. Eso significaba para mi ser “sorora”.

Luego muchos años de ciberactivismo, antirracismo y activismo contra la homolesbotransfobia, he visto como la sororidad se ha complejizado, al tiempo que ha sido puesto encima de la mesa, precisamente por quienes nos encontramos (aún) en la periferia.
En nombre de la sororidad se me pidió no hacer hincapié en la invisibilización de las problemáticas de las mujeres Afrodescendientes dentro de la lucha feminista, en el contexto de una Cuba, donde hombres y mujeres Blancas tienen el dominio de todas las esferas fundamentales de poder.
En nombre de la sororidad se les criticó a las mujeres Negras, migrantes, gitanas, casi al punto del acoso, cuando estas decidieron no acompañar la marcha por el 8 de marzo al no ver sus preocupaciones y luchas en el centro de tal manifestación. Ellas denunciaron que la convocatoria para la marcha olvidaba, cuestionó o infantilizó a quienes no tenían otra opción que ir a trabajar ese día. También en su nombre se le pidió al colectivo ​Ile Iwe/La Escuela​ no denunciar el racismo que implica la ​apropiación cultural​ que sostiene la carrera de Romina Bernardo. Por lo tanto la sororidad, así tal cual, no nos sirve.
De tal manera que ya existe cierto consenso, al menos para las afrofeministas, que consideran que hablar en clave de sororidad es parte de la opresión y la exclusión a la que estamos históricamente sometidas las mujeres Negras y afrodescendientes, puesto que la sororidad, en su definición y uso más ortodoxo, es también blanca y medio clasista, tal como el feminismo hegemónico, entendido como aquel que defiende la universalidad de la categoría “mujer”, negando o ofreciendo poco espacio a la interseccionalidad, y que considera como lucha prioritaria lucha de las mujeres contra el patriarcado, todas unidas en un bloque monolítico.

Por otra parte, las mujeres Afro-Cubanas hemos sido sororas por tradición, desde tiempos inmemorables. En el seno de las comunidades negras las afrocubanas han tejido redes de autocuidado, protección, apoyo, espirituales, de colaboración en el cuidado de los peques, en el trenzado del cabello, entre otros ámbitos.
Para quitar el acento medio clasista y Blanco, prefiero llamarle “hermandad” a nuestras redes de apoyo, reconocimiento y sentimiento de solidaridad entre mujeres. De hecho, con regularidad utilizo el sustantivo “manita” (her-manita), a remarcar la alusión a las manos, las mismas que nos permiten acariciarnos, peinarnos, etc. También me gusta hacer uso de “sista”, que proviene del inglés Sister, y al cual atribuyo un componente racial bien notorio. Ambos términos atraviesan las múltiples identidades: racial, sexual, de género, de identidad de género, geopolíticas, migrantes, etc.
Dicha hermandad entre las AfroCubanas es lo que sostiene a muchas familias Negras en la Cuba del XXI y ante las particularidades de una sociedad, en la cual todavía no existe la equidad entre hombres y mujeres. La Red Barrial Afrodescendiente, por ejemplo, es una de esas organizaciones de base, eminentemente horizontal, donde sus organizadoras, participantes y fundadoras se concentran en generar acciones basadas en esa hermandad y en el rol que tienen las mujeres de ascendencia Africana en los barrios.

Dicha condición de “manas” o “sistas” está también en la base de publicaciones como Afrocubanas. Historia, Pensamiento y Prácticas Culturales​, libro que constituye el primero hecho por AfroCubanas para AfroCubanas.
En Cuba acaba de realizarse una importante reunión donde participó una veintena de activistas afrofeministas Cubanas que residen en La Habana. Es la primera de su tipo. Se ha comenzado a establecer agendas conjuntas basadas estrictamente en el pensamiento afrofeminista. Las manitas y sistas están comprometiéndose con otra manera de hacer y de pensar nuestra propia existencia como legado a las futuras generaciones de AfroCubanas. En el relevo está la continuidad de un proyecto que ponga en jaque a la hegemonía blanca y sus conceptos. Creemos.